HISTORIA DE NUMANCIA, PROVINCIA DE Soria, CENSO FIESTAS Y DATOS RÚSTICOS

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Localización de NUMANCIA , Soria


MAPA DE NUMANCIA , Soria
COORDENADAS GPS:
41.809841 , -2.444081

NUMANCIA  (HISTORIA) .
  - Soria.


Datos de la localidad:

    Apenas hay geóprafo ni historiador alguno que no haya tributado su mas grande admiración y aprecio á este venerando nombre. La razón geográfica res'ultiva do la comparación ríe tantas relaciones, conduce puntualmente, como veremos en el curso de este art., al sitio de aquella ciudad incomparable ; á los campos en que tantas veces fueron cubiertas de vergüenza y de oprobio las huestes romanas, vencedoras del mundo; afnúcleo de la gloria ibérica; al lugar en que debe adorarse á la fe, al valor y al civismo, bajóla estensa bóveda de los cielos y entre sagradas ruinas, como los mismos numantinos adorarían en el á su Dios innominado, antes que arrasase sus sagrados bosques ó lucos la mas injusta guerra. Decimos que adorarían los numantinos á su Dios innominado, porque este era el Dios de los celtíberos, adorado, no en los templos que encierran el sentimiento religioso, dentro de los estrechos límites á que puede estenderse la obra material de los hombres, sino en el seno de los bosques, cuya santa inspiración desenvuelve al hombre moral del encadenamiento físico, le hace conocer que, constituyendo una parte tan pequeña del universo, es no obstante capaz de comprenderlo todo y considerarlo aun pequeño, hay en sí una existencia distinta y mas sublime, hay una parte para lo que es nada el todo físico, hay una parte á la que es dado elevarse sobre este todo, y desde allí tributar el culto de admiración digno de aquella divinidad, para siempre ignota. Este principio religioso, hijo del Oriente, donde ejerce su acción primero el prefecto de la naturaleza universal á quien esta fracción de ella es confiada, seria bastante ya para que atribuyésemos á Numancia un origen oriental como población celtíbera, esto e s , de las primitivas españolas, aunque no lo autorizasen la razón física, que parece dar á la población el mismo curso de la luz, las tradiciones de todos los pueblos ant., la mitología y las sagradas letras, la opinión de todos los mas respetables historiadores. El erudito y profundoD. Miguel Cortés y López atribuye, no obstante, la fundación de Numancia á los celtas; mas esto ha sido deslumhrado por la semejanza que halló entre el nombre de esta ciudad y el de Nómades, dado á aquellos pueblos. Podria verdaderamente decirse de Nómades, Nomadia y de aquí Numantia; Salustio dio esta etimología al nombre de la Numidia; pero admitirla en este lugar seria muy viólenlo. La voz nómade es griega puede tener un origen scytico ó céltico (respetando en esto, cerno en lodo, la ilustrada opinión del mismo Sr. Cortés, que, contra la nuestra, supone haber influido el griego en el idioma celta); pero no serian los celtas quienes se diesen este nombre y lo impusieran á los demás pueblos de Europa, Asia y África, que lo tuvieron, pastores trashumantes, como ellos-, sin residencia fija, de todo lo que parece significativo. Los griegos, al paso que fueron conociendo la geografía y costumbres universales, pudieron muy bien denominarlos de este modo. Pero en el centro de España ¿quién lo impondría á una c . , en época tan remota, que los mas ant. escritores griegos que han hablado del pais, lo encontraron ya adulterado? ¿Se lo impondrian los celtas ó scvtas invasores, porque eran ellos tales Nómades, cuando difícil es supiesen que tenian ni que Jes correspondía este nombre? ¿Se lo impondrían los habitantes del pais mismo, antes que ellos establecidos, al ver que edificaban su c , cuando es probable que tampoco lo conociesen? Y ¿por qué seria en cualquiera de es'.os casos Numancia la única ciudad Nómade , siendo tan numerosas las en que manifiestan haber tenido parte los scytas ó celtas la raíz üriga y otras que aparecen en sus nombres? Nosotros, salvando, repetimos, el grave juicio del Sr. Cortés, no encontramos razón bastante'para ofrecer en Numancia una escepcion de las demás ciudad celtíberas, y no supoiier que, como sucedería en las otras, fundada mucho antes, tal vez desde aquella grande espedicion orientaV, que corre personificada en el Hércules histórico primitivo, cuyas memorias se hallan esparcidas en todo el Occidente, buho de recibir en su seno a los celtas, que invadieron mas tarde el pais por un orden contrapuesto. Las raices mismas del nombre Numancia, que sugirió aquel pensamiento al ilustrado Cortés, son demasiado frecuentes en nuestra nomenclatura geográfica ant., para desecharlas y no aducirlas aun por prueba de lo mismo. Num-antia la voz antia es tan común en la composición délos nombres de ciudad que, sin otro motivo, seria ya poco aventurado suponerla correspondiente á nuestra voz apelativa ciudad. Antia es oriental, y amalgamada con la boreal briga en algún nombre, manifiesta la reunión de las dos grandes raices de la ant. población de España. El nombre Cantabria , en el que asoman ambas raices , dijimos en su art. ser un pleonasmo, ó la repetición de un mismo concepr to en distintos idiomas. Numancia era ciudad celtíbera, como hemos dicho. Plinio la coloca en la parcialidad de los belos o pelendones Ptolomeo entre las ciudad arévacas; pero este geógrafo no fue muy exacto al determinar los lím. de las regiones; y en vista" de esta misma circunstancia puede asegurarse que seria ciudad bela limítrofe de los arévacas. Las graduaciones tolemaicas la sitúan á los 12° 3' long. 42» 50' lat. Estrabon, Plinio y Floro espresan que se hallaba próxima al Duero. Según Apiano y Floro estaba situado en una altura en la confluencia de 2 r. que la dejaban libre solo por el NE. Todo persuade que este sitio pertenece al llamado hoy Puente del Garrag, comprendido entre la izquierda del Duero y la der. del Tera. Allí existió aquella ciudad insigne, «tansuperior á Cartago, Capuay Corinta en reputación y fama, cuanto inferior en riquezas aquella ciudad que es la mayor honra y timbre de la España.» (Floro). Las débiles tapias que la circuían, hechas de tierra á la manera celtíbera y espartana, no tenian mas que 3,000 pasos de estension. Apiano, que habla repetidas veces de estas tapias las califica de muros; pero en sentido lato, considerando sin duda el valor que las daban en las guerras los pechos de sus defensores. Mas exacto Floro, espresó que Numancia carecia de muros y de torres. Sin embargo, en el centro de su recinto se elevaba una especie de ciudadela, donde los numantinos celebraban sus consejos de gobierno y guerra, y depositaban en los peligros lo que les era mas precioso. La población de Numancia era escasa. Su quebrado terreno cubierto de bosques. Los numantinos corrieron mencionados bajo el nombre común de celtíberos en la historia de la conquista romana, hasta que vencida la poderosa liga de estos pueblos por Gracho en las faldas del Móncayo, capituló toda la Celtiberia, obligándose entre otras condiciones á no edificar nuevas fort. Los segedenses intentaron dilatar y robustecer las de su ciudad vcrevéndose en derecho de hacerlo, por no contradecir á lo establecido en su capitulación. Roma, que cuando creia convenirla sabia desentenderse de su pactos', les negó este derecho y les prohibió continuar sus obras. Los segedenses se armaron para resistir á esta disposición tiránica; consiguieron una victoria considerable ; pero como es natural suceda á un ejército indisciplinado, fueron batidos al cegarse en ella, por el cónsul Quinto Fulvio Nobilion; y despavoridos en la fuga se acogieron á su aliada y consanguínea Numancia (año 153 antes de Jesucristo). El cónsul marchó 3 dias después sobre esta ciudad Numancia suplicó por los desgraciados que abrigaba en su seno , protestando al mismo tiempo no se entendiese tomaba parte en la guerra ; pero no fue oida. El cónsul la intimó la entrega de los segedenses y la de sus propias armas. «A decir verdad no se ha visto nunca guerra mas injusta en sus motivos.» (Floro). Los numantinos oyeron esta intimación , como si hubiera sido la de cortarles las manoj.» (Id.). Numancia,c, de pobres montañeses, calificados do bárbaros por los escritores romanos , apenas podia sostenor 4,000 soldados con el ausilio de sus ald. Pero era justa su causa; era la causa de la fé y del civismo; y se lanzó valiente á la lucha contra la crueldad y la tiranía de Roma. Fulvio mandó abrir la trincheras, y levantar sus tiendas á algunas millas de la ciudad En ella todo "so dispuso para resistirle. Se abrieron fosos y plantaron estacadas en la parte NE. flanqueada por los r., que era por donde amenazaba el enemigo. Los segedenses eligieron por su capitán á un llamado Leucon. y los numantinos á Arathon. Fulvio recibió un cuerpo de'300 caballos africanos y 10 elefantes , que le envió Masinisa, y contando especialmente con estas bestias, amaestradas en la lucha, emprendió un avance contra la ciudad Sus valientes defensores le recibieron con denuedo, y, lormalizado el combate, mandó soltar los elefantes, que al pronto causaron gran trastorno á los numantinos, no acostumbrados á su vista por Aníbal, como otros pueblos españoles. Pero herido uno de ellos en la cabeza , se volvió enfurecido contra los romanos, y los demás le siguieron, poniendo en desorden sus legiones. Los numantinos encontrando estos poderosos ausiliares entre sus mismos enemigos, consiguieron una completa victoria. Cuatro mil romanos y 3 elefantes quedaron muertos en el campo ? y los demás tuvieron que abandonar atropelladamente el sitio (*). Fulvio, sin embargo de este duro escarmiento , después de varias empresas que tampoco le fueron favorables, volvió á atrincherarse á algunas millas de Numancia, para pasar el invierno y esperar los auxilios de Roma; pero no se atrevió á intentar hostilidad alguna. El nuevo cónsul Marco Claudio Marcelo llegó en efecto con crecidas fuerzas (año 452); nías todos sus logros se redujeron á firmar una paz, respetando la independencia numantina y permitiendo la restitución de los segedenses á sus casas. El estado de los negocios de la república romana hizo que ratificase esta paz á su despecho el Senado. Lucio Lucinio Lóculo, sucesor de Marcelo (151), la respetó para cebarse en otras ciudad mas desembarazadamente, arrastrado en su cruel y abominable ambición. La dura situación que los abusos de Lúculo y Galva crearon al poder de Roma en España, y la famosa guerra de \ iriato, obligaron á los cónsules v pretores que les sucedieron, á respetar igualmente á Numancia hasta la muerte de aquel insigne caudillo. Casi toda la Celtiberia habia abrazado el pai tido de \ iriato; pero Numancia, fiel á los tratados, é incapaz de faltar ásu fé, ni aun por hacer la causa nacional, permaneció tranquila en el establecido con Marcelo, durante aquel alzamiento, y mientras que Cecilio Mételo iba avasallando á los demás celtiberos. Numancia era una república independiente, y permaneció neutral, limitándose á practicar la hospitalidad con los que á ella se acogían. Pero desembarazados ya los romanos de esta sangrienta guerra, que les consumió tantas legiones, volvieron nuevamente sus miras contra ella; cuya independencia arrancada á su orgullo con las armas, no podia menos de serles tormentosa. Numancia, según queda indicado, habia servido diferentes veces de refugio á los celtíberos del partido de Víriato como antes lo había sido para los de Segeda. Numancia habia tratado de ¡guala igual con Roma. Quinto Pompeyo Rulo la hizo un cargo de esta conducta. Los numantinos se esforzaron en desvanecer sus quejas; pero no alcanzaron mas que aquella contestación desahuciadora y jactanciosa de «Roma no trata con sus enemigos , hasta después de vencidos.» Numancia conoció la intención romana de quitarla su libertad, y se preparó para que en todo caso la fuese arrebatada con la vida. Reunió sus escasas fuerzas, y nombró por su general á Megara. Pompeyo acampó junto á ella con 32,000 infantes y 2,000 caballos , ocupando todas las alturas vecinas., Empezaron desde luego frecuentes escaramuzas entre sitiados y sitiadores. Pompeyo deseaba llamar á aquellos al campo libre donde envolverlos con su numeroso ejército; pero los numantinos dirigidos con prudencia por el esforzado Megara, si en alguna salida avanzaban algún tanto, se replegaban á sus trincheras antes de dar tiempo á los romanos para desenvolver sus fuerzas. Cuando estos les acometian en su recinto, les encontraban invencibles y eran rechazados siempre con pérdida. El sistema de guerra de los numantinos llegó á cansar á Pompeyo en términos que suspendió este sitio, y fue á caer sobre la ciudad de Termes, tan obstinada contra los romanos, que tampoco quiso cederles su independencia, hasta que, destruida Numancia, fue obligada por Didio á abandonar su ant. posición, y establecerse en terreno llano y sin defensa alguna. Muchos afirman, que Pompeyo consiguió subyugarla en la mencionada espedicion; mas no resulta asi de la relación de Apiano. Pompeyo con- ' siguió sin embargo dominar las demás poblaciones vecinas y aliadas de Numancia; y viéndola reducida á la imposibilidad de recibir auxilio alguno por este motivo, ni de la misma Termes con laque la incomunicó, volvió con su innumerable ejército sobre ella. Pero Numancia «sin auxilio de nadie se sostuvo contra ejércitos de 40,000 soldados». (Floro). El único auxilio que en todas sus guerras se sabe recibiese Numancia fue indirecto, fue la guerra que constantemente se reproducía contra Roma en otras ciudad y en otros paises. Estrechó Pompeyo estraordinariamente él sitio y la envistió por todas partes; pero fue envano. Los numantinos no solo le rechazaron siempre, sino que hicieron una salida tan vio- j lenta que destrozaron el ejército sitiador , y obligaron á '• Pompeyo á concederles la paz que voluntaria é injustame te él mismo habia quebrantado (139). Sucedió á Pompeyo el cónsul Marco Popilo Lenas, quien después de haber llevado la guerra, en el primer añoá los lusones, que le vencieron, en el segundo obligó á los numantinos á tomar nuevamente las armas. Lenas pagó esta conducta con una completa derrota. Cayo Hostilio Mancino llegó á ocupar su puesto sobre Numancia, el año 137. Mas desgraciado aun que los antecesores , á los seis meses de mando, durante el cual fue repetidas veces batido, levantó precipitadamente el sitio; y alcanzado en su retirada por los numantinos, fue estrechado en téiminos de quedar a merced'de sus enemigos. En este conflicto, el cuestor Tiberio Gracho, hijo del célebre Tiberio, que triunfó de los celtíberos en las faldas del Moncayo, y que gozaba de gran prestigio entre los pueblos españoles y en el romano, procedió á ajusfar la paz con Numancia. Para salvar la vida á un ejército de 20,000 romanos y de muchos aliados y esclavos, fue preciso firmar la independencia de Numancia, y perder campamento, equipajes, máquinas de guerra y cuanto tenian, como vasos de oro y plata y otras ¡numerables preciosidades consiguientes á un ejército, que habia sido enseñado á la rapiña por tantos de sus gefes que habian venido á enriquecerse sobre la desventurada España. Se lee en diferentes historiadores un gracioso episodio de la guerra de Numancia con motivo de la precipitación con que abandonó cl sitio este cónsul. Dos jóvenes numantinos galanteaban (dicen) á una de sus conciudadanas, y convinieron someter á la suerte el logro de su enlace ¡ intórnanse ambos en el campamento romano, y el que antes matase á un enemigo debia quedar dueño del objeto amado. Salieron en efecto de la ciudad; pero no encontrando á los romanos, volvieron á ella con la noticia de su retirada, á lo que se siguió la reunión de todos los numantinos en la plaza pública, y su salida á obtener sobre el cónsul el triunfo que dejamos referido. Roma, lejos de ratificar la paz firmada por Mancino , miró su tratado como el mas humillante y vergonzoso. El Senado y el pueblo se hermanaron para romperlo, y se hizo con toda solemnidad; determinando que el desgraciado cónsul fuese entregado á Numancia para que se vengase en él de este rompimiento. Reemplazó a Mancino, Marco Emilio Lépido quien invadió el país de los vacceos con el pretesto de que habian abastecido á los numantinos en la última guerra. Lépido antes de entablar directamente nada contra Numancia, fue batido con pérdida de 6,000 romanos por los de Pallancia y depuesto por el senado que le condenó en razón de sus robos. El cónsul Pubbo Futió Filón , que sucedió á Lépido en el mando , (136) nada hizo mas que efectuar la entrega del desgraciado Mancino de la que fue encargado. Apenas llegó delante de Numancia antes de amanecer, lirzo que efPafer Patratus lo dejase desnudo y atado de pies y manos á las puertas de la ciudad Los numantinos se negaron á recibirlo, y este desventurado que se habia visto cónsul y al frentéVle un numeroso ejército, pasó todo el dia en aquella situación, y hasta la noche no fue recogido por los romanos. El ejército consular desaprobó este rigor. Quinto Calpurnio Pisón, reemplazó á Furio , y tampoco fue mas feliz en esta guerra. El ejército romano acostumbrado por sus ambiciosos gefes á lata la y al saco sobre las poblaciones, que no podian ó no acertaban á enfrenar su codicia, habia llegado a perder completamente su decantada disciplina. En larelajacion de sus costumbres guerreras, habia depuesto su valor en términos, que hallando en los numantinos verdaderos soldados, no podia mirar con serenidad sus aspectos belicosos, ni oir prounciar sin terror el nombre de Numancia. El Senado que de tan lejos miraba las operaciones, tal vez no acertara con estas causas; mas no se le ocultaba, que el. estado de sus negocios en España, era el mas funesto. Diez y ocho años hacia que tenian humillado su orgullo en ella , una sola ciudad, y no una Cartago, capaz de enviar sobre Italia mas de 100,000 infantes, 12,000 caballos y 40 elefantes alas órdenes de un general, para quien era ya una ciencia la guerra, sino una ciudad incapaz de sostener 4,000detensores solamente, sinfortificaciones, sin los recursos del arte militar, bárbaros en fin como los llamaban los romanos mismos. Diez y ocho años hacia que era España el sumidero de sus legiones y de sus reputaciones militares. Diez y ocho anos que con sangre de sus ciudadanos pagaba bien caro Roma cuanto sacaba de la Península. Esta soberbia c, conquistadora del mundo, conoció la era necesario echar el resto de su poder para estinguir aquella pequeña república española, que si bien no la disputaba sus posesiones ni su engrandecimiento como Cartago, y aspiraba solo á sostener su independencia intacta, se habia creado un nombre, que siempre habia de ser ya, la humillación del romano. Era preciso esterminar aquella ciudad que cuanto era inferior á Cartago, á Capua y Corínto en riquezas, era superior á todas juntas en reputación y tama, como dijo Floro; aquella ciudad, que cuanto era pequeña para la magnitud de Roma , se había elevado sobre ella en la santa causa de la hospitalidad y de la independencia; aquella ciudad que la habia obligado á la humillación de reconocer lo injusto de sus agresiones, en sus tratados; la falta de su fé y su tiranía en el rompimiento de estos, y en los r» - petados destrozos, fugas y rendimientos de sus armas ; que ya no tenia ejércitos mas que para tiranizar v saquear, bvjo pretestos comunmente voluntarios de sus delegados, los pueblos que se la habian sometido (Continua en el original)




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